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Un hombre que se parecía a Orestes (Premio Nadal 1968) recrea de una forma totalmente libre el mito clásico del hombre destinado a vengar la muerte de su padre. La acción se paraliza después del asesinato de Agamenón, sin que la esperada venganza llegue a cumplirse. Orestes sabe que debe perpetrarla; pero el tiempo pasa y no ocurre nada. Y así resulta que los personajes del mito ya no funcionan en claves de fatalidad y trascendencia sino en los regocijos y amarguras de la vida cotidiana. Orestes ya no es el joven atleta admirado por Electra, sino un hombre ya adulto que viaja de incógnito. Y en todas las aldeas una muchacha le sonríe y le hace pensar más en la vida que en la muerte... La acción transcurre en una época indefinible en la que lo más antiguo coexiste con lo más reciente en una proximidad que sólo el sueño hace verosímil. Un hombre con dos cabezas, un caballo de madera que fecunda la yegua del abad, un patético Egisto que, obsesionado por la llegada del vengador, se finge caballero andante en busca de aventuras sin lograr por ello superar sus temores...Todo esto lo presenta Cunqueiro sin prisa, con un cierto regodeo en la frase, con frecuentes toques de humor y abundantes digresiones, dejando siempre suelta su inagotable y gozosa fantasía.

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Un hombre que se parecía a Orestes, Cunqueiro Álvaro, Francisco García Pavón, Jesús Fernández Santos

Język
Rok wydania
1992
Oprawa
(miękka)
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Tytuł
Un hombre que se parecía a Orestes
Język
hiszpański
Wydawca
Destino
Rok wydania
1992
Oprawa
miękka
Liczba stron
694
ISBN10
8432026913
ISBN13
9788432026911
Seria
Kategorie
Opis
Un hombre que se parecía a Orestes (Premio Nadal 1968) recrea de una forma totalmente libre el mito clásico del hombre destinado a vengar la muerte de su padre. La acción se paraliza después del asesinato de Agamenón, sin que la esperada venganza llegue a cumplirse. Orestes sabe que debe perpetrarla; pero el tiempo pasa y no ocurre nada. Y así resulta que los personajes del mito ya no funcionan en claves de fatalidad y trascendencia sino en los regocijos y amarguras de la vida cotidiana. Orestes ya no es el joven atleta admirado por Electra, sino un hombre ya adulto que viaja de incógnito. Y en todas las aldeas una muchacha le sonríe y le hace pensar más en la vida que en la muerte... La acción transcurre en una época indefinible en la que lo más antiguo coexiste con lo más reciente en una proximidad que sólo el sueño hace verosímil. Un hombre con dos cabezas, un caballo de madera que fecunda la yegua del abad, un patético Egisto que, obsesionado por la llegada del vengador, se finge caballero andante en busca de aventuras sin lograr por ello superar sus temores...Todo esto lo presenta Cunqueiro sin prisa, con un cierto regodeo en la frase, con frecuentes toques de humor y abundantes digresiones, dejando siempre suelta su inagotable y gozosa fantasía.