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Bandoleros en la Serranía de Ronda

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Desde ciertas esferas urbanas se ha entendido la figura del bandolero como un salteador de caminos que, bajando de la sierra, se acercaba al llano para, como si del más desvergonzado delincuente se tratara, “aligerar” de peso las bolsas de los sorprendidos viajeros que por allí pasaban. El fenómeno se interpretaba así como un componente pintoresco, casi exclusivo, de sociedades rurales atrasadas, con difíciles comunicaciones y con escasa presencia de la autoridad policial. Sin embargo, visto el asunto desde el interior de estas abruptas serranías, donde la mentalidad mayoritaria justifica, aún hoy en día, muchos de los actos que abocaron al bandolerismo (resistirse violentamente a pagar impuestos abusivos, robar a quien robaba, castigar al delator, agredir al capataz despótico o aplicar la propia e inapelable justicia), la cuestión toma un cariz bien distinto. La imagen del bandolero que no teme a nada ni a nadie, que se “echa a la sierra” asociándose con ella en íntima complicidad; que se enfrenta a los injustos poderes públicos a pecho descubierto; esa es la imagen que ha calado hondo en el sentir popular, hasta el punto de extender la cuestión con verdadero respeto y, en algunos casos, con una pizca de veneración.

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Bandoleros en la Serranía de Ronda, Isidro García Cigüenza

Język
Rok wydania
2008
Oprawa
(miękka)
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Tytuł
Bandoleros en la Serranía de Ronda
Język
hiszpański
Rok wydania
2008
Oprawa
miękka
Liczba stron
356
ISBN10
8496607348
ISBN13
9788496607347
Seria
Tagi
Opis
Desde ciertas esferas urbanas se ha entendido la figura del bandolero como un salteador de caminos que, bajando de la sierra, se acercaba al llano para, como si del más desvergonzado delincuente se tratara, “aligerar” de peso las bolsas de los sorprendidos viajeros que por allí pasaban. El fenómeno se interpretaba así como un componente pintoresco, casi exclusivo, de sociedades rurales atrasadas, con difíciles comunicaciones y con escasa presencia de la autoridad policial. Sin embargo, visto el asunto desde el interior de estas abruptas serranías, donde la mentalidad mayoritaria justifica, aún hoy en día, muchos de los actos que abocaron al bandolerismo (resistirse violentamente a pagar impuestos abusivos, robar a quien robaba, castigar al delator, agredir al capataz despótico o aplicar la propia e inapelable justicia), la cuestión toma un cariz bien distinto. La imagen del bandolero que no teme a nada ni a nadie, que se “echa a la sierra” asociándose con ella en íntima complicidad; que se enfrenta a los injustos poderes públicos a pecho descubierto; esa es la imagen que ha calado hondo en el sentir popular, hasta el punto de extender la cuestión con verdadero respeto y, en algunos casos, con una pizca de veneración.